Con la voz entrecortada y una mezcla de dolor e impotencia, Edgar relató que la tarde de este día recibió la noticia que jamás imaginó conocer de esa manera: su padre, un hombre de 67 años, había fallecido desde el pasado 25 de diciembre. La confirmación llegó al acudir personalmente a la Fiscalía General del Estado, donde le informaron que la muerte ocurrió presuntamente por causas naturales.
La indignación del entrevistado no solo se centra en la pérdida irreparable de su padre, sino en el abandono institucional que asegura haber vivido, pues señaló que la familia nunca fue notificada oficialmente del deceso. Fueron conocidos del municipio de Meoqui quienes, con pesar, le comunicaron la triste noticia, enterándose días después de que su padre ya no estaba con vida.
Edgar recordó que en repetidas ocasiones intentó auxiliar a su padre y llevarlo a vivir con él, sin embargo, el adulto mayor se negaba constantemente, argumentando que tenía miedo. Ante esta situación, solicitó apoyo de la dependencia estatal, pero la respuesta fue siempre la misma: si su padre no aceptaba irse con su hijo, no podían obligarlo.
Con el paso del tiempo, Edgar comenzó a notar situaciones alarmantes. Asegura que su padre se encontraba bajo amenazas de una mujer que lo llevó a vivir con ella, quien además administraba su pensión del Bienestar y, pese a ello, lo obligaba a pedir dinero en las calles. Agregó que dicha mujer se hacía pasar por su hija, información que afirmó es completamente falsa.
“Yo vine a la Fiscalía y, como siempre o como en muchos casos, me dijeron que no había delito que perseguir y que no podían hacer nada. Me fui con esa respuesta. Hoy regreso a pedir informes de mi papá y me dicen que se murió y ya, ni siquiera me dicen dónde está enterrado”, expresó con profunda tristeza.
El entrevistado señaló que le informaron que su padre falleció en el domicilio donde vivía, y que presentaba una fractura en la pierna, presuntamente a consecuencia de una caída. Aunque dijo no asegurar que esa versión sea falsa, cuestionó el hecho de que el cuerpo fuera entregado a un supuesto familiar, sin que la familia directa fuera notificada en ningún momento. Indicó que esta información le fue proporcionada tras una plática con el licenciado Jorge Almanza.
Sobre la mujer señalada, Edgar indicó que se llama Diana, quien constantemente se dedica a pedir dinero. Aclaró que nunca tuvo intención de disputar la pensión de su padre ni de impedir que apoyara económicamente a terceros; su único interés ahora es saber dónde descansan los restos de su padre.
“Yo sé que ya no puedo revivirlo, pero no es justo lo que le hicieron. Lo tenían amenazado con denunciarlo por supuestamente golpear a unas niñas, algo que es completamente mentira. Lo querían para sacar más dinero. Yo nunca estuve en contra de que él ayudara, se suponía que lo estaban cuidando. Cuando supe que lo traían pidiendo dinero vine a Fiscalía a pedir ayuda y nadie pudo hacer nada. Ahora ya está muerto y tampoco me dicen dónde lo tienen”, concluyó.
La historia de Edgar refleja no solo la pérdida de un padre, sino la profunda herida que deja la falta de respuestas, la indiferencia y el silencio de quienes debieron proteger a un adulto mayor que hoy ya no puede alzar la voz.