La tarde de este miércoles 8 de abril quedó marcada por el dolor y la nostalgia en el seccional de Cárdenas, municipio de Meoqui, con la llegada de los restos de Saúl Alberto Ochoa Pérez, quien perdió la vida tras ser víctima de la violencia en el estado de Sinaloa.
Saúl Ochoa, el mayor de tres hermanos, era ampliamente conocido en su comunidad como un hombre solidario, siempre dispuesto a ayudar al prójimo y con una marcada vocación altruista. Su trabajo como minero especialista en seguridad industrial lo llevaba constantemente a viajar por distintos estados del país, sin imaginar que ese último traslado sería también el final de su historia.
Dentro de un ataúd color dorado, sus restos regresaron a la tierra que lo vio crecer. Su llegada no estuvo acompañada de palabras, sino de un silencio profundo, miradas perdidas y un llanto colectivo que envolvió a familiares, amigos y vecinos que no daban crédito a lo sucedido.
Fue reportado como desaparecido a inicios de este año junto a otros nueve trabajadores, mientras se encontraban laborando en Concordia, Sinaloa. Durante semanas, la incertidumbre se apoderó de sus seres queridos, convirtiéndose con el paso de los días en angustia. Apenas hace unos días, su cuerpo fue localizado en medio de un contexto de violencia que sigue arrebatando vidas y dejando historias inconclusas.
Martín Iván Ochoa, su hermano, relató que el proceso para trasladar el cuerpo desde Concordia hasta Cárdenas fue complicado y doloroso. Además, expresó su indignación ante los hechos, asegurando que no es creíble que se haya tratado de una confusión, pues Saúl y sus compañeros tenían tiempo residiendo en el lugar donde fueron privados de la libertad. Señaló también que algunos de los trabajadores fueron sacados incluso en pijama, mientras que otros fueron secuestrados directamente en sus lugares de trabajo.
En el recinto, decenas de coronas fúnebres rodeaban el féretro, mientras un retrato de Saúl, con la sonrisa que lo caracterizaba, permanecía a un costado, como un recuerdo imborrable del hombre trabajador y cercano que fue.
Entre abrazos, lágrimas y palabras entrecortadas, la comunidad se unió para despedirlo. Sin embargo, en medio del duelo también surgió la exigencia de justicia. Voces quebradas pero firmes pidieron a las autoridades esclarecer el caso y castigar a los responsables.
Porque Saúl no debió morir así. Porque su historia no debía terminar de esta manera. Porque solo salió a trabajar.
Hoy, Cárdenas lo recibe con el corazón roto, enfrentando una herida que difícilmente sanará
Redacción: Mayra Hermosillo González