Washington. Cole Tomas Allen, quien intentó irrumpir en la gala de medios a la que asistió el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue procesado ayer en un tribunal bajo cargos de pretender asesinar al mandatario y por dos delitos relacionados con armas de fuego.
El presunto autor de los disparos, identificado por las fuerzas del orden como un hombre de 31 años de Torrance, en el sur de California, fue acusado de intento de asesinato del presidente estadunidense, transporte de armas de fuego para cometer un delito grave y disparo ilegal durante un acto de violencia.
Los documentos que detallan los cargos no estuvieron disponibles de inmediato. Allen fue representado por abogados de la oficina del defensor público federal y se sentó junto a ellos en la sala del tribunal.
Según una búsqueda en los registros, Allen no tiene antecedentes penales ni historial en tribunales civiles en el condado de Los Ángeles.
Jocelyn Ballantine, fiscal federal, señaló que entre las armas que portaba el sábado por la noche había una escopeta de corredera de calibre 12, una pistola y tres cuchillos.
El juez Matthew Sharbaugh preguntó a Allen si había consumido alguna droga en el último día, a lo que respondió que no.
Jeanine Pirro, fiscal federal del Distrito de Columbia, también estuvo presente en la sala del tribunal, sentada en la primera fila. Tras su comparecencia inicial ante el tribunal, Pirro se unió al fiscal interino general, Todd Blanche, y al director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), Kash Patel, en el Departamento de Justicia para una conferencia de prensa en la que abordaron los tres cargos.
El primero es intento de asesinato del presidente, punible con hasta cadena perpetua. El segundo corresponde a transporte interestatal de un arma de fuego para cometer un delito grave, con pena de hasta 10 años de prisión.
El tercero es uso de un arma de fuego durante un delito violento, que conlleva una pena mínima obligatoria de 10 años y máxima de cadena perpetua.
Pirro afirmó que si bien por el momento sólo hay tres acusaciones, “habrá cargos adicionales” a medida que avance el caso.
Blanche declaró que Allen ingresó al hotel Washington Hilton el viernes y, a la noche siguiente, a las 20:40 horas, se precipitó a través del control de seguridad, logrando pasar el piso superior al de la recepción, antes de ser detenido.
Blanche añadió que un agente recibió un disparo en el pecho, pero llevaba un chaleco antibalas y que dicho efectivo disparó cinco veces, pero el atacante resultó ileso.
Allen volverá a comparecer para una audiencia de detención el 30 de abril y una audiencia preliminar el 11 de mayo. Se acogió a su derecho constitucional a guardar silencio tras su detención, pero las autoridades afirman que un correo electrónico que envió a familiares y a un antiguo empleador ayuda a esclarecer el móvil del crimen.
En el mensaje, del cual se incluyó una copia en la declaración jurada, Allen se autodenominó un “asesino federal amistoso” y aludió indirectamente a su descontento con diversas acciones de la administración Trump. El texto oscila entre la confesión, el resentimiento y la despedida.
Allen se disculpa con familiares, compañeros de trabajo e incluso desconocidos que pudieran verse involucrados en la violencia, al tiempo que intenta explicar el motivo del ataque.
Un juez accedió a la petición del fiscal de mantener a Allen detenido en espera de audiencias adicionales.
El acusado no habló extensamente en su comparecencia, como es habitual; una de sus abogadas, Texira Abe, señaló que “además, en este momento se le presume inocente”.
Se cree que el sospechoso viajó en tren de California a Chicago y luego a Washington, donde se hospedó en el hotel Washington Hilton, sede de la gala anual de periodistas.
Trump y sus funcionarios fueron puestos a salvo de inmediato después de que el presunto atacante irrumpiera en un puesto de control de seguridad fuera del salón de baile del hotel y hubo disparos antes de que los efectivos lo sometieran.
La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, atribuyó la violencia a un “culto al odio de la izquierda” y a la “demonización sistemática” del presidente por demócratas, legisladores y medios, al señalar que esa retórica ha alimentado ataques y calificó el hecho del tercer intento de asesinato contra Trump y aseguró que “ningún otro mandatario ha enfrentado tantas intenciones de homicidio graves y repetidas”.
Autoridades sostuvieron que el Washington Hilton no contó con la máxima clasificación de protección, la cual debía ser evento nacional de seguridad especial, ya que el mandatario, el vicepresidente y muchos miembros del gabinete estuvieron presentes, aunque el inmueble aclaró que operó bajo “estrictos protocolos” dictados por el Servicio Secreto, reportó The Washington Post.
Un video viral que muestra a varias invitadas recogiendo botellas de champán y vino para la cena de gala ha generado reacciones encontradas en las redes sociales.
información: La Jornada