Kinshasa. El director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, llegó a la capital de la República Democrática del Congo (RDC) para “mostrarle a la comunidad que no está sola” y dirigir en el terreno los esfuerzos en el combate al brote de ébola, donde se han registrado 906 casos probables y 223 muertes sospechosas, mientras el personal médico lidia con la falta de equipo, la desconfianza entre la población y la presencia de grupos armados en la región.
“Dar órdenes desde mi cómoda oficina en Ginebra es fácil, pero estoy pidiendo a mis colegas que trabajen con la comunidad y estoy pidiendo a las comunidades que se protejan”, declaró Tedros y aseguró que el brote “puede detenerse”, pero es “muy complejo”, debido a que el gran número de personas desplazadas por el conflicto armado en la región y la inseguridad alimentaria complican los esfuerzos para detener la propagación del virus.
“No podemos generar confianza comunitaria ni aislar a los enfermos mientras caen bombas”, declaró el director de la OMS.
El virus Ébola Bundibugyo –que no tiene vacuna ni tratamiento aprobados– se extiende rápidamente en un contexto de inseguridad, ataques a instalaciones sanitarias y donde el desplazamiento forzado de población hacen casi imposible rastrear contactos y aislar casos.
En un campamento para 10 mil desplazados en Bunia, cerca de Ituri –epicentro del brote– hay un solo punto de lavado de manos y un termómetro infrarrojo para combatir la epidemia. Los responsables del complejo dicen que aconsejan a los residentes lavarse las manos con jabón –los afortunados que lo tengan– antes de comer; el resto debe usar avena o arena.
“Mi miedo es que estamos aquí sin nada para protegernos. No tenemos protección, ni agua ni jabón, y vivimos cerca de la basura”, dijo Francine Leve Janguzi, residente del llamado campamento ISP.
Asimismo, “las personas debilitadas por el hambre son mucho más vulnerables a las infecciones”, señaló Tedros.
Cerca de 10 millones de personas en Ituri, Kivu del Norte, Kivu del Sur y Tanganika enfrentan hambre aguda desde enero pasado, según datos de Naciones Unidas. A nivel nacional, 26.5 millones de personas en la RDC sufren altos niveles de inseguridad alimentaria aguda.
En esta región, el acceso humanitario ha estado restringido por mucho tiempo debido a un conflicto que involucra a múltiples grupos armados, incluidas las Fuerzas Democráticas Aliadas, las milicias Codeco y el grupo M23, respaldado por Ruanda.
Tedros llamó a un alto el fuego inmediato para permitir que los equipos humanitarios y médicos accedan de forma segura a las comunidades afectadas. “Detener esta transmisión del ébola depende enteramente del acceso humanitario”, concluyó.
Información La Jornada