Mientras la mayoría de las personas apenas comienza su jornada, cientos de trabajadores del campo ya han pasado varias horas bajo el intenso sol que azota a la región. En un recorrido realizado por las zonas agrícolas a las afueras de la ciudad, jornaleros compartieron historias de sacrificio, esfuerzo y una realidad que pocas veces se observa de cerca.
La sequía que atraviesa el estado de Chihuahua no solo ha afectado la producción agrícola, sino también las oportunidades de empleo para quienes dependen del campo para llevar el sustento a sus hogares. La escasez de trabajo ha obligado a muchas familias a migrar constantemente en busca de una oportunidad laboral, enfrentando condiciones cada vez más difíciles.
Uno de ellos es Erick Cruz, de 43 años de edad, originario de la colonia Campesina en Delicias. Actualmente renta un cuarto, pero reconoce que cada vez es más complicado cubrir los gastos básicos:
“La renta está muy cara y además hay que sacar para la comida”, comentó mientras realizaba labores de deshierbe en un cultivo de chile, actividad que desempeña desde hace aproximadamente un mes.
Explicó que los trabajos agrícolas suelen ser temporales, por lo que constantemente tienen que trasladarse a diferentes municipios de Chihuahua e incluso a otros estados como Sinaloa para encontrar empleo. Esta situación afecta directamente a sus familias, especialmente a sus hijos:
“Por andar de un lugar a otro muchos niños no pueden estudiar. La mayoría de los hijos de jornaleros terminan trabajando desde pequeños para ayudar con los gastos”, relató.
La jornada comienza a las seis de la mañana y concluye alrededor de la una de la tarde. No se trata de una prestación laboral, sino de una necesidad para evitar las temperaturas extremas y los riesgos que representa permanecer durante más tiempo bajo los rayos del sol.
Otra de las historias que reflejan la realidad del campo es la de Pedro, quien acumula más de 40 años dedicados a las labores agrícolas. Originario de León, Guanajuato, llegó a Chihuahua atraído por las oportunidades de trabajo y desde entonces ha recorrido distintas regiones del país siguiendo las temporadas de cosecha.
Su vida ha sido prácticamente nómada. Incluso vivió durante dos años en Estados Unidos con la esperanza de mejorar sus condiciones económicas. Sin embargo, fue deportado antes de poder cumplir el llamado “sueño americano”.
A pesar de las décadas de trabajo y experiencia, las condiciones económicas continúan siendo complicadas. Actualmente, muchos jornaleros reciben alrededor de 300 pesos por una jornada que inicia al amanecer y termina entrada la tarde, una cantidad que consideran insuficiente para sostener dignamente a una familia.
Detrás de cada cultivo que llega a las mesas de los hogares existe una historia de esfuerzo silencioso. Son hombres y mujeres que enfrentan el calor extremo, la incertidumbre laboral y las consecuencias de la sequía para mantener viva una actividad fundamental para la economía y la alimentación.
Mayra Hermosillo González